El pucho que caracteriza el escritor lo hacía sentir seguro
Seguro de una muerte diferente a cualquier otra
La escases de pasión en su vida lo deprimía con cada palabra que escribía
El extraño silencio hacia cada vez mas incomodo el pensar en esa mujer
¿Que podía tener de especial?
Lo prohibido lo hacía desearla cada minuto más
Un capricho, una pataleta que nadie iba a escuchar
La precisión en sus palabras, las rimas que no venían a su cabeza
Esas ganas de escribir una canción que nunca escucharía
De nuevo que punzante es el silencio
Era de tal magnitud que podía escuchar el papel de su pucho quemándose
El imaginarla junto a él no haría que el silencio se disipara
Las pausas comenzaron a hacerse más frecuentes
El pucho se quemaba cada vez más rápido
Su corazón cada vez palpitaba más lento,
Una lágrima deslizándose por su rostro consigue llegar a su boca
Algo hace que esa lágrima sea más dulce que cualquier otra rima alguna vez llorada
El tiempo por fin se detuvo, las luces perdieron su intensidad
En este punto de su vida sabía que no habría más puchos
No habría más suspiros, sus esfuerzos solo causarían más dolor
La noche se apodero de su mente, la luz volvió a brillar como antes
Su concentración se perdió con el sonido del teléfono
“Ayúdame te necesito…”
Colgó, apagó la luz y se fue a descansar eternamente
Ya nada lo sorprendía, el encanto se perdió
El papel en el cual intentaba escribir nunca dejó de ser tan blanco
La lágrima se seco y su sabor desapareció
Nunca pensó alcanzar la eternidad de esa manera
Ahora el silencio hacia cómoda su espera
Su espera por un mañana en el que ya no escribiría
Un mañana en el que él no se veía
En el que nunca se vió.
viernes, 29 de febrero de 2008
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